donde hay peligro,
ahí estoy yo
(Nietzsche)
Bienvenido el instinto claro
de la noche en que vas por la ciudad
y te encuentras contigo mismo
y te reconoces en otro
al borde de una calle.
Esa es la misma noche en que lees un poema
que suena a roto,
la noche que huele a peligro,
la noche que inaugura un daño
que ya no es sólo tuyo,
la noche en la que aprendes que los sueños
son lo único que no se pudre.
Dentro de las sombras,
en el interior del magma negro del aire,
en la intimidad del cielo derrumbado
desciendes a la soledad,
allá donde el lenguaje nace.
Llegas hasta el surco
por el que ha de fluir la mañana.
Desde ti mismo te levantas,
desde un latido nuevo,
y sientes una lluvia roja
trazando el laberinto de tu cuerpo.
Hasta el infinito sentido
de los astros, que penden en su luz,
llegan ya las esquirlas
del río que alimentas.
Esa conciencia altiva de los días
es el libro en que pones tu canción.
Hay un secreto, una liturgia, una magia
en tu forma de hablar
y ahora bailas solo
y a tu alrededor vibran las montañas.
