
Anaïs Nin: “El amor jamás muere de muerte natural, sino que muere porque no sabemos reaprovisionar los manantiales que lo alimentan; muere a causa de la ceguera, de los errores y las traiciones. Muere de enfermedades y de heridas; muere por desgaste, por agotamiento, por oxidación, pero jamás muere de muerte natural. Todos los amantes podrían ser juzgados como asesinos de su propio amor.”