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vendredi 1 janvier 2016

Fractal Poesía 5.0, pura dinamita Andrés García Cerdán

Fractal Poesía 5.0, pura dinamita
Andrés García Cerdán




Este último fin de semana, del 20 al 23 de noviembre, Fractal Poesía ha abierto las puertas de par en par a la quinta edición de su festival poético y ha vuelto a llenar las calles de Albacete de poemas. Frente al frío institucional, largamente arrastrado, frente al frío del otoño, que se ha dejado caer de golpe en el llano, los poetas han alzado su voz, ávida de calor, de hogueras, de luz. Muy distintos lugares y espacios de la ciudad han acogido de nuevo los recitales, las ponencias y las representaciones, que han insistido en un mensaje creativo claro: arte para un nuevo humanismo y para la independencia. Arte y poesía de la calle y para la gente, servida en estado puro, sin presupuesto, levantado a golpe de ilusión y de amistad. Este ensayo de sincretismo poético y artístico, explora con abundancia la lucidez, la hermosura y la crítica para el mundo actual. La música, el teatro, la pintura, la videocreación o el dibujo han bailado de nuevo al son de la poesía. Las nueve musas parecen haber hecho de Albacete su residencia de invierno.
Sin duda, el siglo XXI necesita de experiencias artísticas tan desinteresadas y tan plurales como estas. La vida cultural en el interior de la península es lo más parecido a la nada. Solo el esfuerzo y la determinación de unos pocos, que cada vez son más, son capaces de desplegar en jornadas inolvidables de diálogo y creación la inquietud que bulle en el ambiente cultural nacional. Así, en Librería Popular, Luis Alfonso Iglesias presentaba Armonía en rebelión, III Premio Internacional Fractal Poesía, con prólogo de Antonio Rodríguez Jiménez. Tardes y noches han visto pasar por los Cafés del Sur, Época o La Leche Militina –bajo la mirada de hielo de los Icebergs de Pablo Alfaro, portada del próximo disco de Jacobo Serra– a los poetas madrileños Oscar Aguado (El falso llano, Mandres, 2015) y Bolo García (El charro roto de Jorge Negrete, Los libros de Ouka Lele, Huerga y Fierro, 2015), al murciano Héctor Castilla, underground y sólido autor de Cantando en voz baja (Balduque, 2015) o al editor y poeta sevillano Javier Sánchez, responsable de la tremenda colección de poesía de La Isla de Siltolá. José Iván Suárez, de Elche de la Sierra, leyó los poemas de Egoclasta (Amargord, 2015), surrealista y rural, y Pedro Mateo, los trallazos de Funeral Tropical (Fractal, 2015), entre los estremecedores arranques del cantaor Alejandro Villaescusa. Javier Lorenzo leyó poemas inéditos, al tiempo que presentaba el disco Amoretti (Vanitas, 2015), grabado en colaboración con el clavecinista Andrés Alberto Gómez y la actriz Ana Casas. León Molina asombró con la perspicacia de sus aforismos de Mapa de ningún sitio (La Isla de Siltolá, 2015). Rubén Martín Díaz, con los poemas de Arquitectura o sueño (Las Isla de Siltolá, 2015), brillante como siempre. El jovencísimo Javier Temprado recitó las aristas de sus poemas de Los vértices del tiempo (Isla de Siltolá, 2015). David Sarrión asombró y dolió con Breve teoría del desastre (Huerga y Fierro, 2015). Matías M. Clemente puso el fuego en el ambiente con su Dreno (La Bella Varsovia, 2015). En La Casa Vieja, idea del pintor Pepe Enguídanos, leyeron sus poemas Lucía Plaza (Lonely Planet, Fractal, 2015) y María Moreno (The woman under the mango tree, Polibea, 2015, último Premio Javier Lostalé). La sala de exposiciones acogió Memorablemente de Marta Gómez y Rafael Picó. Allí mismo, el alicantino Natxo Vidal dio cuenta de Ícaros desorientados (Raspabook, 2015) en un intenso recital acompañado de la guitarra de José María Román.
No solo la poesía, desde luego. Albacete es origen y destino de otras inquietudes artísticas. Los visionarios Lalo Davia, Chema Arake (responsable de nuevo del cartel del Festival) y Sergio Delicado impartieron diferentes talleres de videoarte, dibujo y poesía visual en la Escuela de Artes de Albacete, también volcada de lleno en Fractal. En sus instalaciones se puede visitar la exposición de servilletas Misterio del rodense Chema Arake. Borja Martínez y el equipo de dibujantes de Urban sketchers ilustraron las palabras que flotaban en el aire de los cafés abarrotados de público. Carletti Porta pulsó las canciones de Baby Hannahs; In Blue, las canciones del un repertorio muy cálido; Diego Yturriaga, exMigala y Nacho Vegas, un set acústico encantador.
Esta semana se prolonga esta fiesta de la poesía con la actuación en Librería Nemo de La Chicacharcos and the Katiuskas Band y la exposición de dibujos de Stephany Zagan.

No solo nombres. Un éxito de nuevo para la gente de Fractal Poesía (www.fractalpoesia.com). Muy grande. Repóker Fractal. Como alguien dijo por ahí una de esas noches, difícil concebir una sola alma para tantos cuerpos.

Llamadme Ismael / Andrés García Cerdán

Llamadme Ismael
Andrés García Cerdán



Sé río una vez/ para llevar en tu seno las lágrimas/ de los que te rodean.// Sé una vez madera de árbol/ -sin nudos ni cortezas-/ donde el hacha de los que te necesitan/ pueda comer en tu tronco./ Hazte una vez,/ aunque sea una sola vez,/ espiga”. Así nos habla desde sus libros Ismael Belmonte (1929-1981). Con toda intención tomo el título para estas palabras del conocido inicio del Moby Dick de Herman Melville. Añadiría, poniéndome en la boca del albaceteño, un “simplemente”: “Llamadme simplemente Ismael”. Uno más, uno de los nuestros. Que la buena poesía pasa sobre los años con una intensidad y un fulgor férreos, llegada siempre desde lo profundo, es algo que advertimos en sus palabras. Más allá de su discreción y de su tiempo, en él, como en Horacio, como en Virgilio, olemos la tierra fecundada de siempre, nos estiramos hacia el horizonte de todos los siglos, nos aventuramos con un arroyo perpetuo o alzamos la vista al limpio cielo infalible de nuestra geografía. En sus poemas siento con nitidez la tierra que pisaron mi padre y mis abuelos. En sus palabras permanece la naturaleza y permanece el hombre inviolado en sus atributos originales más nobles. El poema es ámbar que preserva en estado puro las ideas y las cosas.
Días atrás, su hijo Joaquín Belmonte ha organizado un acto de homenaje al poeta. Por él han discurrido, en el espacio Pepe Isbert del Teatro Circo, algunos valiosos poetas llamados por un secreto a voces: Ismael es un poeta de verdad, sorprendente en su maestría y su fecundidad, alguien con una especial sensibilidad para captar los gestos del humanismo en un siglo XX desolador, mísero, muy necesitado de paz y de palabra. Su voz viva sigue hoy incrustada en la genética de nuestra poesía actual.
 “Hasta donde la vista alcanza”, sencillo, poderoso, intenso, es uno de sus poemas más recordados. Hasta donde la vista alcanza/ todo es mío:/ la luz,/ el viento,/ el vuelo de los pájaros,/ el verde de los campos/ y el rocío./ Lo demás no me importa./ Yo nunca lo he tenido. Toda una declaración de principios vitales y estéticos. No en vano, la suya es fundamentalmente una lección de amor a lo que realmente importa, sembrada una y otra vez en el poema. Si sus primeros versos y sus primeras apariciones –el poeta debía llevar su palabra, como un don, a los hombres, a la calle– llegaron hacia principios de los años 70, ya por entonces es un poeta maduro, afortunado. En una década prodigiosa hizo suya una obra amplia, incendiada de matices. Sorprenden su dominio de los metros clásicos y la frescura con que se acerca a la belleza y a la filosofía. Su discurso poético se mueve entre la comunicación humana y la contemplación del paisaje inagotable, fértil. Sin duda, es un poeta de los campos. Es también un poeta del aire, del fuego, de las trascendencias. Es antológica su versión social, su diálogo machadiano con el otro y consigo mismo.
En su obra, bien editada al cuidado de Andrés Gómez Flores por la Diputación de Albacete, cuando aún se editaban libros con este cuidado, quizá sorprenda la mirada: se extiende sensual y reflexivamente sobre el mundo, mirado como por primera vez,  se convierte en erótica abundante de lo contemplado. Es una mirada pulcra, filantrópica, emocional, atenta a los detalles decisivos, entregada al rumor oculto y maravilloso de las pequeñas cosas. “Que nadie me pregunte qué senda voy buscando/ mientras firmo las huellas que dejan mis pisadas.// Que nadie se me acerque creyendo que respiro/ otro aliento distinto del que mi sangre manda.” Es, sobre todo, una mirada al que mira también desde el poema.
Los ecos en su poesía remiten a lo mejor de la literatura española. Por un lado, Antonio Machado y el paisaje vivo del alma viva del hombre y de los pueblos de España. Por otro lado, la poesía comunicativa, social de los poetas del medio siglo: Gabriel Celaya, José Hierro, Blas de Otero, Ángel González. Con ellos comparte la necesidad de decir las cosas a las claras, de insistir en las consolaciones humildes y feraces del recorrido, de reconquistar al hombre que se pierde en los ruidos de la civilización. De su especial sensibilidad y elocuencia se deriva su actualidad imperturbable, como en César Vallejo o Claudio Rodríguez.

El de Ismael Belmonte es un camino compartido –Ángel Crespo, Dionisia García, Eladio Cabañero, Juan Alcaide, Paco Jiménez Carretero, Alfonso Ponce- y también un camino propio. En tiempos en que triunfaba en las élites poéticas del país el culturalismo de los novísimos y sus metaliteraturas, el poeta enarbola una esencial naturalidad expresiva, hija de la oda elemental de Neruda y Miguel Hernández. Esgrime los argumentos sólidos de la palabra contenida, sembrada en el surco del día y alzada de repente en espigas de hermosura e inteligencia. La luz nos acoge en sus poemas y nos hace suyos y nos arrastra a los límites imprecisos de este amplio océano de tierra. Hasta donde la vista alcanza y más allá.

La última poesía del llano en llamas / Andrés García Cerdán

La última poesía del llano en llamas
Andrés García Cerdán


Una onda expansiva recorre nuestra poesía. No debería ser noticia, pero lo es. Se podría hablar de un estallido generacional, transmitido de mayores a menores, libro a libro, boca a boca. La poesía albaceteña es en la actualidad una de las poesías más poderosas del ámbito hispánico. No exagero. Y, sin embargo, echando un vistazo a lo ocurrido estos últimos años, se aprecia una profunda descompensación entre la excelencia de los creadores y las repercusiones que alcanza esta voz poética fulminante, alzada desde provincias. Lejos de los centros de poder mediático y cultural, lejos de todo, se ha ido abriendo paso con brillantez una poesía abundante, profunda, increíble. Recordaré que son albaceteños tres de los últimos Premios Adonáis o que, muy recientemente, poetas de aquí han recibido los premios Ojo Crítico, Jaime Gil de Biedma, Alegría, Alarcos, Barcarola, Ciudad de Jaén, Hermanos Argensola, Fray Luis de León, Antonio Machado en Baeza, Gerardo Diego, Ciudad de Almuñécar, Joven de RNE, Antonio Gala, Ciudad de Pamplona, Arcipreste de Hita, Antonio Oliver Belmás, Antonio Machado del Tren, Manuel Alcántara o  Juan Ramón Jiménez, por decir solo algunos. Paralelamente, se han sucedido las publicaciones en las mejores editoriales de poesía del país: Adonáis, Pre-Textos, Visor, DVD, Renacimiento, Hiperión, Valparaíso, Vitruvio, Isla de Siltolá, La Bella Varsovia. Parecería imposible la invisibilidad. Y, sin embargo, estos poetas siguen ausentes de las antologías y de los medios. También de las antologías de nuestra tierra, de nuestros programas culturales y de nuestros medios de comunicación.
Los libros que han merecido estos reconocimientos están a la altura del prestigio que los premios implican. Contra viento y marea, desde un anonimato fervoroso, los poetas han hecho un trabajo de una lucidez absoluta. Sin temor a equivocarse, se podría hablar de una “Generación de fuego” o de “Poetas del llano en llamas”. La veta poética que los aúna oscila entre la contemplación de la naturaleza, la poesía del conocimiento, la cultura urbana y la crítica social, siempre desde una elocuente depuración del lenguaje y una especial flexibilidad de las formas poéticas.
Herederos de esa amplia tradición nuestra que va de Garcilaso a Ángel Crespo o Antonio Martínez Sarrión, nuestros poetas de hoy son muchos y muy especiales en su esplendor. Exquisitos en su cuidado de la música y la inteligencia y en su atención a la realidad contemporánea, es difícil pensar que su labor pase desapercibida. Apuntaré solo los nombres de algunos poetas imprescindibles y solo los títulos de algunos de sus últimos libros: Arturo Tendero (Alguien queda, Renacimiento, 2013), León Molina (Mapa de ningún sitio, Isla de Siltolá, 2015), Javier Lorenzo (Territorio frontera, Visor, 2012; Manual para resistentes, Valparaíso, 2014), Luis Martínez-Falero (Fundido en blanco, 2011, Fundación JRJ), Rubén Martín Díaz (El mirador de piedra, Visor, 2012; Arquitectura o sueño, Isla de Siltolá, 2015), Antonio Rodríguez (Los signos del derrumbe, Hiperión, 2014; Insomnio, Fractal, 2013/Origami, 2015), Constantino Molina (Las ramas del azar, Adonáis, 2015), Julián Cañizares (La lealtadmantenimiento, Isla de Siltolá, 2015), María Moreno (Antropología del asco, Vitruvio, 2011), Francisca Gata (Despiece de la infancia, Vitruvio, 2014), Lucía Plaza (Lonely Planet, Fractal, 2015), Mercedes Díaz Villarías (This is your home now, 2011, autoed.), David Sarrión (Breve teoría del desastre, Huerga&Fierro, 2015), Matías M. Clemente (Dreno, La Bella Varsovia, 2015), el jovencísimo Javier Temprado (Los vértices del tiempo, Isla de Siltolá, 2015). No son los únicos. No son solo nombres, por supuesto. Permítanme sumarme, con toda modestia, a esta fête de la poesie. En 2015 ha aparecido La sangre en Valparaíso. Muy pronto saldrá Barbarie, en Adonáis.

Da la sensación de que se está perdiendo una oportunidad de oro para convertir nuestra tierra en un referente literario del más alto nivel y en un destino cultural de calidad. Fracasan los grandes proyectos millonarios que se olvidan de apostar por los jóvenes, por el talento, por la innovación. Sin duda, merecemos un Festival de Poesía a la altura de Cosmopoética o el Festival Internacional de Poesía de Granada. Los agentes culturales castellano-manchegos que deberían canalizar esta explosión creativa son prácticamente inexistentes. Los apoyos institucionales, nulos o, peor aún, insultantes.