NEURÓNIKA

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¿Cómo escapar de la corriente continua de los Pixies? Los Pixies son crueles y elegantes. Emiliante dice que eso es puro pop con daño y Remo asiente.
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mercredi 9 mai 2012

El porvenir del cianuro (En la rave con Cioran) A.G.C.



[Ilustración del artículo del gran Chema G. Arake]

Nadie tan optimista como Émile Cioran. "Creo en la salvación de la humanidad, en el porvenir del cianuro", nos dijo. Cioran era un verdadero creyente y yo creo en él. Como nuestros políticos, Cioran convirtió el nihilismo en fe y esperanza; la aniquilación y la trepanación, en gloria y miel sobre hojuelas. En el destrozo se movía como pez en el agua. Él sabría apreciar de verdad las medidas que gobiernos e instituciones transnacionales nos aplican a rajatabla como se le aplica a rajatabla a un enfermo del riñón una medicación para la vista. El porvenir de la humanidad es, de la mano de nuestros consejeros, la crónica de un suicidio colectivo, anunciado. El problema es en realidad la definición del problema: lo que ocurre es que nos están suicidando existencial, económica, cultural, científicamente, aunque nosotros no queramos. Ellos saben bien lo que hay que hacer y se aplican, con un dogmatismo y una puntualidad ejemplar, a dosificarnos nuestra dosis de cianuro todos los días. El cianuro os hará libres, parecen decir, ya que no hay arbeit. Chupad de este veneno, hijos míos de puta, tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi cuerpo político, banquero y diplomático, el mismo cáliz que será entregado por vosotros a vuestros hijos, a vuestros alumnos, a los que vengan. Me hubiera gustado ir con Cioran a alguna fiesta. Habríamos sido los amos. Hoy como nunca don Emile sería la alegría del botellón, el centro neurálgico de la movida, el corazón caliente de la marcha. Sin duda sería el invitado más estimulante en la orgía de los desgraciados, el más lúcido entre las luces de neón o los láseres de la disco, el más altivo en los bajos fondos, el más abstemio en la profanación de los vasos y de la memoria. Iríamos vestidos a la moda de hoy: en paro, con cara de no saber qué está pasando, como abducidos por políticos y presentadores basura, con la sensación de ser engañados por nuestro bien minuto a minuto, con la pobreza por montera, desahuciados de todo, embargados e hipotecados hasta las trancas, con el desprecio por seña de identidad, con los huevos pelados de tanto estudiar oposiciones o echar currículos, con las yemas de los dedos en carne viva de tanto rezar en los cajeros, en las colas del paro, en las colas del médico, en las colas de los donnadies, comiéndoles la cola sin parar, a tope. Joder, sí, en las alturas de la noche, Cioran reivindicaría como un Dios mayor su lugar de hoy en las cimas de tanta desesperación. Sin duda es un personaje contemporáneo como ningún otro, ultramoderno, posmoderno o contramoderno como ningún otro a día de hoy. Qué decir de su pelo ralo, de su cara: parece Bukowski en el peor de los días de resaca; parece William Burroughs en su día más jonky; parece Leopoldo María Panero recién levantado de su siesta de sedantes. Y, sin embargo, se ríe como solo los locos y los iluminados son capaces de reírse. Esa cara de perro callejero, en blanco y negro, en un París que le ofrecía todos los días las fosas del ataúd de par en par, hoy es una cara moderna, la portada apostólica del 15-M. Creo que hoy se partiría de risa, que sería el hombre más feliz del mundo, que encontraría el mundo hecho a su medida: el despropósito, la pesadumbre, la melancolía y la contradicción asquerosa como premisas de un sistema social y político que día a día nos invita al suicidio intelectual y que día a día se reconoce a sí mismo en las líneas sangrientas de la muerte. Por supuesto, Cioran –como Luis Cernuda- creía en la salvación de la humanidad, en el porvenir del cianuro. Cianuro para todos y todas, miembros y miembras del planeta ruido. Bienvenidos a la auténtica y desmadrada rave del desencanto.

jeudi 3 mai 2012

Sobre los chiringuitos de la playa/ A.G.C.

Las dos cosas que más me gustan en el mundo son la poesía y las vacaciones, de ahí que el disgusto que tengo desde hace unos meses sea indecible, esto es, inefable. Se me quedan cortas las palabras. Se me acaban los mares cuando pienso lo que escuché: por decreto, como se hacen estas cosas, aplicando a rajatabla, sin piedad, no sé bien qué nuevas leyes de costas, decidieron cargarse los chiringuitos de la playa, su luz y su hermosura. Un segundo después escuché a una senadora explicar a gritos que la poesía no arregla las cosas. De inmediato a alguien de una tertulia se le ocurrió decir, con todo el desprecio de que era capaz, que había cosas que no se las creían ni en Albacete. Más allá de las etiquetas, que constriñen lamentablemente, me gusta lo de “poesía albaceteña” por lo que tiene de salvajismo intelectual. En los tiempos que corren –habría que decir que lamentablemente corren– pronunciar la palabra “poesía” debería considerarse como un insulto, como un hachazo antisistema, como una provocación traicionera. Pronunciar en voz alta “albaceteña” es, sin más remedio, el caos, la profanación del lenguaje, la reivindicación de lo que no debería haber existido nunca. ¿A quién se le ocurren barbaridades así? En verdad que habría que tener a estos señores que se hacen llamar y que son llamados poetas como la escoria más peligrosa, más radiactiva del planeta. Si son de Albacete, apaga y vámonos. Y, sin embargo, queridos míos, ahí están esos poetas. No los he visto robar fondos reservados, no los he visto holgazanear tras su mesa de despacho, no los he visto fardar de coche oficial, no los he visto gastarse 15.000 euros del ciudadano en putas, farlopa y vacaciones en el Caribe, no los he visto joder al personal como por arte de magia, no los he visto burlarse de los ciudadanos de a pie, no los he visto suprimir los pocos bienes sociales que teníamos, no los he visto acogerse a esa inmunidad total que es la crisis a la hora de reventar las familias, las vidas y los presentes de todos nosotros. En algún sitio he leído que el poeta flota como una llama sobre el lodazal. Depende. Si el lodo llena hasta los topes, por los cuatro costados, la habitación, el poeta es una llama en medio de la mugre, chupando mierda, brillando con una vela marrón entre los escombros apestosos de las instituciones políticas. El día en que me enteré de que quitaban los chiringuitos de las playas algo dentro de mí agonizó y murió doblemente: el poeta y el mar. Ese fue para mí el Día de la Pesadumbre Mundial. Y me acordé de Goya, de León Felipe, de Noam Chomsky y de Pedro Casariego Córdoba. Y pensé que estamos gobernados por subnormales y canallas y que hacen política para subnormales y canallas. Y pensé que el sentido común está en paradero desconocido. Y pensé que esta libertad de que gozamos es una mierda de libertad fantasma. Que nos han vendido a las multinacionales, las bolsas y los putos mercados. Que nos han vendido a la idiocia y el mal gusto. Que nos han convertido en los esclavos más esclavos de la historia. Que eso de democracia es un espectro que se come la comida de siete. Que nos han traicionado muy profundamente. Que se aplican en robarnos sistemáticamente desde que nos levantamos hasta que nos acostamos: luz, teléfono, gas, hipotecas, comisiones bancarias, subidas de tabaco y alcohol, zonas azules, verdes y rojas, … La gran reforma del sistema sanitario se traduce en que no les pagarán las operaciones de varices a las abuelas. Y pensé que los gobiernos de España nos han miserablemente vendido una y otra vez, que están en connivencia con la sangre del capitalismo caníbal. True blood! para quienes chupan nuestra sangre huérfana por el placer vicioso de chupar. Chupan y chupan todos los días. Si te revuelves un poco o te rascas en la quemazón anestesiada de la herida aplican el reglamento: 2x2=5. Su reglamento. El día en que dijeron que prohibían los chiringuitos de la playa, que los iban a demoler, quise que a los gestores de la idea les reventaran las pelotas. No nos quitan el chiringuito: nos quitan lo muy poco que nos han dejado para disfrutar. Los únicos 15 días de vacaciones, el palmito de arena de playa donde cae una lágrima de cerveza, la magra con tomate que consumimos en cuclillas, al lado del cuñao y de la suegra, en una costa atestada de bichos como nosotros. ¿Y quitan el chiringuito? Habría que volver a alzar una buena horca en el centro de España. Ya no hay más solución que cepillarse a esos cuatro desgraciados que no se reconocen en lo ridículo ni en el daño que les hacen a estas pobres alimañas que somos los demás. Ellos siguen ocupados en su negocio de transporte de animales vivos. Nosotros nos escapamos por la puerta de atrás.